domingo, 18 de octubre de 2026

La lección del caso Cuadernos: cuando los controles fallan y la sociedad mira hacia otro lado

El periodista Diego Cabot advirtió ante líderes de ONGs que la corrupción no se detectó por los organismos de control, sino por la memoria de un chofer; instó a fortalecer el rol ciudadano y la vigilancia institucional

En una conferencia pronunciada ante abogados y referentes de organizaciones dedicadas al mejoramiento de la Justicia, el periodista Diego Cabot realizó un diagnóstico sobre las fallas institucionales que permitieron el saqueo de las arcas públicas en el caso Cuadernos. Lejos de centrarse en el relato periodístico, el autor planteó una pregunta incómoda: "¿Qué tiene de malo un sistema de control que necesitó a un chofer con un cuaderno escolar y una birome para enterarse de lo que pasaba en el corazón de la obra pública?". La respuesta, según expuso, revela una arquitectura institucional que, pese a su complejidad, fue incapaz de detectar lo que ocurría a la vista de todos.

Cabot señaló que el orden lógico de cualquier país que funciona se invirtió en Argentina: "En un país que funciona, la corrupción la detecta un organismo de control, la investiga un fiscal, la juzga un tribunal y, en el camino, el periodismo la cuenta. Acá fue exactamente al revés". Esta inversión, explicó, no es un mérito del periodismo sino una señal de alarma sobre el sistema. Cuando el que cuenta llega antes que el que controla, la pregunta deja de ser sobre el periodista y pasa a ser sobre las instituciones.

El conferencista identificó tres causas principales de esta ceguera institucional. La primera es la captura del regulador: "Un control que le pide permiso al controlado no es control: es un trámite". Muchos organismos dependen, en sus nombramientos o presupuesto, de los mismos a quienes deben controlar. La segunda es la fragmentación: cada organismo mira una porción del ciclo y "la corrupción organizada vive exactamente ahí, en el espacio entre una ventanilla y la siguiente". La tercera, la más incómoda, es la naturalización: "Cuando todos saben y nadie habla, el silencio deja de ser una omisión individual y se convierte en una institución más".

El periodista destacó que alrededor de la rutina de bolsos con dinero existía toda la arquitectura de control imaginable: Auditoría General de la Nación, Sindicatura General, Oficina Anticorrupción, AFIP, Banco Central, Unidad de Información Financiera, fiscalías especializadas, bancos con normas de compliance, auditores externos y comisiones de control en el Congreso. "Y sin embargo, nadie vio nada. ¿Nadie vio nada? O, para ser más precisos, nadie que tuviera la obligación de ver lo hizo constar en un expediente, en un informe, en un papel".

Sobre el rol del periodismo, Cabot explicó la diferencia entre hechos verificados y hechos probados: "El periodismo trabaja con hechos verificados. El derecho, con hechos probados. Se parecen, pero no son lo mismo". La decisión de no publicar de inmediato y llevar el material a la Justicia antes de la publicación permitió que, cuando la investigación salió a la luz el 1° de agosto de 2018, ya hubiera detenciones y allanamientos en marcha. "La nota no anticipó la causa: la acompañó", subrayó.

El conferencista advirtió que la corrupción no desaparece sino que se adapta: "Los bolsos eran una tecnología rudimentaria, de la era del efectivo y del auto oficial. La próxima no va a venir en un cuaderno Gloria. Va a venir en el pliego de una licitación escrito a medida, en una concesión renegociada en silencio, en una privatización donde el precio se fija antes que las reglas". Por ello, instó a los abogados a prepararse para detectar la corrupción en documentos, expedientes y contratos, no solo en hechos delictivos evidentes.

Respecto al tiempo judicial, Cabot fue contundente: "La demora no es un detalle procesal; es un mensaje. Cuando una causa de esta magnitud tarda siete años en llegar a juicio, la sociedad aprende algo, y no es nada bueno. Aprende que el sistema tiene paciencia con los poderosos y prisa con los demás". Sin embargo, aclaró que "que la Justicia tarde no vuelve falso lo que está anotado. Los hechos no prescriben en la memoria colectiva aunque a veces lo hagan en los códigos".

Finalmente, el periodista respondió a la pregunta inicial sobre por qué prestigiosos abogados asistieron a escuchar a un periodista: "Porque el caso Cuadernos les recuerda algo que ustedes ya saben pero que el país olvida con facilidad: que las instituciones no son edificios ni organigramas. Son personas que, en un momento determinado, deciden hacer lo que les corresponde". Y concluyó con una invitación: "Que la próxima gran causa de corrupción de la Argentina no empiece en la redacción de un diario. Que empiece en un expediente. Que empiece acá".

La exposición de Cabot deja una lección clara para la ciudadanía: los controles institucionales son fundamentales, pero no suficientes si la sociedad los naturaliza y los considera un trámite. Cada ciudadano puede contribuir a reducir la corrupción ejerciendo el derecho de acceso a la información pública, denunciando irregularidades ante los organismos correspondientes, participando en organizaciones de la sociedad civil dedicadas a la transparencia, exigiendo rendición de cuentas a sus representantes y, sobre todo, no naturalizando lo que debe escandalizar. Como advirtió el periodista: "Puede no haber próximo chofer. Puede no haber próximos cuadernos. Puede haber solamente papeles públicos, a la vista de todos, que nadie tuvo ganas de leer".

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Entradas populares