La situación laboral de la policía de Entre Ríos ha sido objeto de debate público y preocupación, con un enfoque particular en las precarias condiciones salariales y el impacto directo que estas tienen en la salud mental de los agentes. Según se desprende de un reciente informe, el propio Ministro de Seguridad, Néstor Roncaglia, ha reconocido la gravedad de la situación, admitiendo que los sueldos de los efectivos son insuficientes.
La realidad salarial obliga a muchos oficiales a buscar trabajos adicionales (situación similar que sucede en las fuerza federales conducidas por Patricia Bullrich) para complementar sus ingresos y poder sostener a sus familias. Esta doble jornada laboral, sumada a la naturaleza exigente y estresante del trabajo policial, está generando una presión significativa en la salud mental de la fuerza.
Al momento se han suicidado 6 policías en Entre Ríos.
Las discusiones y testimonios de la comunidad, incluyendo a los propios agentes, revelan una cruda realidad:
Estrés y Precariedad: El estrés es una constante en la vida de estos trabajadores. Las largas jornadas, la exposición a situaciones de riesgo y la presión económica se combinan para crear un ambiente de vulnerabilidad psicológica.
Sin Derecho a Huelga: La prohibición de realizar huelgas o paros, inherente a la profesión, deja a los oficiales sin una herramienta fundamental para negociar mejoras en sus condiciones laborales, aumentando su sensación de indefensión.
Problemas Familiares: La inestabilidad financiera afecta no solo a los agentes, sino también a sus familias. La incapacidad de cubrir necesidades básicas genera conflictos y una carga emocional adicional.
La situación resalta la urgente necesidad de una revisión de las políticas salariales y de bienestar dentro de la fuerza policial, con el objetivo de garantizar no solo la estabilidad económica de los agentes, sino también su salud mental, un pilar fundamental para el correcto desempeño de sus funciones al servicio de la comunidad.
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